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Objetivo: fulminar las desigualdades

U na década de crecimiento casi ininterrumpido (2003 a 2013) y la desigualdad sigue ahí. Iberoamérica tiene el triste rasgo de ser la región más desigual del mundo. Una seña de identidad nada alentadora y que inquieta, aún más, en el contexto económico actual, marcado por la incertidumbre. La región afronta un gran pulso: combatir las desigualdades en una coyuntura donde las perspectivas económicas vaticinan unos años de, al menos, menor crecimiento del que se había vivido en los últimos tiempos.

De cómo se transite este periodo dependerá mucho también cómo será la evolución de las clases medias en la región. Si en la década de 2003-2013, 72 millones de personas salieron de la pobreza y 44 millones pasaron a ser consideradas como clases medias, hoy la situación es más delicada. Según datos del PNUD, ya en 2014 fueron 1,7 millones los hombres y mujeres que cayeron de nuevo en la pobreza. 1,5 millones, en 2015. Se calcula que, en la actualidad, entre 25 y 30 millones de personas están en riesgo de caer en tal situación en los próximos años y que existen 220 millones de vulnerables en toda la región.

Se calcula que existen 220 millones de personas vulnerables en toda la región

Una realidad, la de las desigualdades, que se ve reflejada también en la edición 2016 del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD, que lleva por título “Desarrollo humano para todos”, y que ha sido presentado hace apenas unas semanas. En dicho informe se recoge que, de forma general, los países de la región han mejorado su posición en el ranking de países con mejor Índice de Desarrollo Humano. Un Índice basado en un visión integral del desarrollo, en el que las aportaciones del economista Amartya Sen han sido claves, y que se compone de tres dimensiones básicas: la esperanza de vida; los años promedio de escolaridad; y el ingreso nacional bruto per cápita, cuya medición global da un resultado que toma un valor que va de 0 a 1, siendo 1 el máximo nivel de desarrollo humano posible.

Acorde al Informe 2016, aunque el IDH general de la región avanza, cuando éste se cruza con la variable desigualdad, los resultados son otros. Como puede observarse en la tabla que se incluye en este mismo artículo, todos los países iberoamericanos retroceden posiciones de forma notable cuando su Índice de Desarrollo Humano es corregido en función de la desigualdad (este índice se calcula de ajustar el IDH de un país acorde a la magnitud de sus desigualdades).

En ese sentido, el Informe advierte en su prólogo de que “algunos de los desafíos son persistentes (privaciones), otros se están acentuando (desigualdades) y otros son nuevos (extremismo violento), aunque la mayoría se refuerzan mutuamente. Con independencia de su naturaleza o alcance, estos desafíos repercuten en el bienestar de las personas tanto para las generaciones presentes como las futuras”.

Y transmite cinco grandes mensajes: el universalismo es fundamental; diversos grupos de personas siguen sufriendo carencias básicas; el desarrollo humano exige una reorientación de algunos aspectos analíticos y de evaluación; hay políticas que podrían corregir estas carencias; y, por último, una gobernanza mundial, basada en un multilateralismo más justo, reforzaría el desarollo.

Cuando se cruza el IDH de nuestros países con la variable desigualdad, la región retrocede posiciones

El desafío de combatir la desigualdad se plantea además en un nuevo escenario: el de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Un reto que todos los países de la comunidad iberoamericana han asumido sin excepción. La lucha contra la desigualdad es, sin duda, una batalla transversal, pero además, el Objetivo número 10 recoge de manera concreta la necesidad de reducir las desigualdades y establece metas tales como potenciar y promover la inclusión social, garantizar la igualdad de oportunidades y reducir la desigualdad de los resultados, adoptar políticas, en especial fiscales, salariales y de protección social, o reducir a menos del 3% los costos de transacción de las remesas de los migrantes y eliminar los canales de envío de remesas con un costo superior al 5%.

Con el propósito de abordar de forma constructiva este escenario, en Somos Iberoamérica proponemos un debate sobre ¿cómo reducir la brecha (de desigualdad)? Para ello, contamos con las voces de Germán Ríos, de CAF, Pablo Gentili, de CLACSO, y Gonzalo Fanjul, de porCausa. Cada uno de ellos nos plantea su punto de vista y ofrece distintos diagnósticos y soluciones.

Junto a estas voces, publicamos tres tribunas de análisis que abordan el tema de manera frontal. Anna Ayuso, de CIDOB, se pregunta cómo puede la región, de una vez por todas, quitarse el “sambenito” de ser la más desigual del mundo, y señala a las resistencias que aún existen para emprender cambios estructurales.

El director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford, Diego Sánchez-Ancochea, advierte de la dificultad de mantener los avances logrados, sobre todo en un periodo complicado como el que se prevé, pero alienta a proteger los avances.

Por último, Ángel Melguizo, de la OCDE, anima a buscar oportunidades y, sobre todo, hacer de la nueva generación un motor que permita crear no sólo crecimiento sino sociedades más igualitarias.

Un tema crucial para el futuro de nuestra comunidad iberoamericana, en el que las propuestas que salgan de ella serán fundamentales para lograr cumplir, además de con el mencionado Objetivo 10, con la aspiración de una región y, por extensión, un mundo más justo.

Por eso tu voz es fundamental. Ahora tú tienes la palabra.

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