Tribuna

Mucho que ganar: competencias y emprendimiento joven

En un momento de cambio, las decisiones que se tomen en la región marcarán un camino u otro para el futuro de la juventud.

Cuatro de cada diez jóvenes latinoamericanos no estudia, no trabaja y no se capacita, o si trabaja lo hace en el sector informal de la economía, según mostramos en el informe Perspectivas Económicas de America Latina 2017, elaborado conjuntamente entre la OCDE, la CAF y la CEPAL, lanzado en la Cumbre Iberoamericana de Cartagena de Indias. Es conocido que los primeros años de experiencia laboral tienen un impacto duradero en el resto de trayectoria laboral de una persona por lo que las políticas públicas deben actuar ya.  Ello es además especialmente necesario dado que Latinoamérica es una región joven con una oportunidad demográfica excepcional: alrededor del 25% de su población – 163 millones – tiene entre 15 y 29 años.

El reto en materia de formación y entrada en el mercado de trabajo es aún más evidente para las mujeres, y para los jóvenes de hogares de ingreso bajo y medio-bajo. Alrededor de 30% de las mujeres jóvenes no están empleadas, no estudian, ni reciben capacitación, proporción que es tres veces mayor que entre los hombres. Sin embargo, muchas de estas jóvenes contribuyen a la economía a través de trabajos no remunerados. Por nivel socio-económico, a los 29 años, al menos 7 de cada 10 jóvenes de hogares pobres no tienen empleo, no estudian, ni reciben capacitación, o trabajan en el sector informal, en comparación con 3 de cada 10 jóvenes en hogares de clase media consolidada. Es decir que la vulnerabilidad de los padres se transmitiendo a los jóvenes.

Si damos con las políticas adecuadas, la región podría arrancar un motor de crecimiento inclusivo

Si damos con las políticas adecuadas en materia de competencias y habilidades -skills en inglés-, y en materia de emprendimiento, Latinoamérica podría arrancar un motor de crecimiento inclusivo. En el Centro de Desarrollo de la OCDE hemos estimamos que la economía de la región (medida por su producto interno bruto) podría incrementarse un 4% si todos los jóvenes ni-ni-nis y los que trabajan en el sector informal, encuentran un empleo formal. Ello equivale a añadir inmediatamente a la economía de la región un Ecuador. Y, dado que el impacto positivo iría creciendo en el tiempo, Latinoamérica podría añadirse el equivalente de un Peru en 2030 y de una Colombia hacia 2050.

En el ámbito de las competencias y habilidades, se precisan políticas que combinen enseñanza en las aulas, capacitación en el trabajo y servicios de búsqueda de empleo. Los programas Jóvenes con Más y Mejor Trabajo en Argentina, ProJovem en Brasil, Jóvenes en Acción en Colombia y ProJoven en Perú son buenos ejemplos. La oportunidad es evidente dada la paradoja de que Latinoamérica es la región con el desajuste de competencias mayor entre lo que demanda las empresas y las características de los trabajadores; y a la vez mas de la mitad de los trabajadores lo hacen en el sector informal de la economía.

Tenemos que aspirar a convertir el emprendimiento por necesidad en una oportunidad

Las políticas de apoyo al emprendimiento dinámico deben centrarse en reducir las barreras regulatorias (como la Ley de Emprendedores de Argentina que permite la creación de empresas en un día), desarrollar instrumentos financieros flexibles (en la línea de iNNPulsa y Ruta N en Colombia; o Start-Up y Semilla Expansión en Chile), y fortalecer los vínculos con redes comerciales y expandir su capacitación financiera y empresarial, siguiendo por ejemplo la inspiración de la Red de Incubadoras de Universidades Tecnológicas en México y la Asociación Latinoamericana de Emprendedores (ASELA) en la Alianza del Pacífico. Hay que lograr convertir el emprendimiento por necesidad, en emprendimiento por oportunidad.

Hay mucho que ganar si la  formación e inclusión de los jóvenes latinoamericanos se sitúa  entre las prioridades de la agenda económica de la región. Se debe aprovechar el hecho de que 2017 marcará  el inicio de la recuperación económica, así como la ventana de oportunidad que abre el ciclo electoral que se abrió en 2016. Solo así podremos traducir el hecho de que la región es joven, y que los jóvenes latinoamericanos son la generación más preparada de la historia, en verdadero desarrollo y bienestar.

Accede al Informe Perspectivas económicas de América Latina 2017

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