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Una arquitectura financiera para un desarrollo sostenible

Foto: Wally Gobetz

Puerto Madero. Foto: Wally Gobetz

A partir de la crisis financiera de 2008, que se generó por el colapso de la burbuja especulativa inmobiliaria de EE.UU. y cuyo impacto se expandió a todo el sistema internacional, se puso aún más en evidencia la relación dañada entre la ética y la economía.
Desde entonces, son numerosas las voces que, desde distintas disciplinas y la teoría económica, sostienen la necesidad de recrear una arquitectura financiera internacional a escala humana, al servicio de un desarrollo sostenible; y de reconstruir una dimensión ética de la práctica económica para responder a los interrogantes y desafíos que plantea la 4ta revolución industrial: robotización y cambio tecnológico, el futuro del trabajo, integración universal, entre otros.

la sostenibilidad (…), se vuelve una condición sine qua non

Al mismo tiempo, en 2015 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible que propone un concepto multidimensional de desarrollo centrado en la sostenibilidad, como nuevo paradigma transformador de las políticas de desarrollo. De este modo, se confirma nuevamente que el desarrollo no es entendido sólo como crecimiento económico; y la sostenibilidad, consistente en la armoniosa relación entre crecimiento económico, inclusión social y protección ambiental, se vuelve una condición sine qua non para un desarrollo genuino.

Desde entonces, se han desarrollado distintas investigaciones referidas a la dimensión ética de desarrollo y las perspectivas religiosas en torno a los fundamentos metodológicos de cómo construir un nuevo modelo de desarrollo para “no dejar a nadie atrás”, cuidando el futuro del planeta.

Es en este marco que, los días 17 y 18 de mayo de 2018, en Sao Paulo, Brasil, economistas, expertos en desarrollo, cooperación internacional y ecuménica, así como representantes de diferentes confesiones religiosas y teólogos debatieron en el evento internacional “Tercer Diálogo de Alto Nivel sobre Etica y Economía” en torno a tres ejes temáticos centrales de la reunión del G20 que presidirá Argentina en 2018: 1) Desigualdades y justicia de género, 2) Derechos y sistemas de protección social y 3) Extractivismo y desarrollo inclusivo.

De cara al G20, en el evento se discutió sobre: la necesidad de incentivos para desbloquear recursos financieros para el desarrollo sostenible en países emergentes; la deuda pendiente de reconciliar a los/as economistas con la ética y la necesidad de mayor formación en esta línea; el cambio climático y justicia ambiental; la desigualdad de género en el acceso y uso del sistema financiero (que no se ha modificado); la consideración del cuidado doméstico como trabajo y parte de la economía; los riesgos de la automatización del trabajo; entre otros tantos tópicos.

Este diálogo fue convocado por el Secretariado para América Latina y el Caribe de la Pastoral Social – Caritas (SELACC), el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (DEJUSOL-CELAM), el Programa Internacional sobre Democracia, Sociedad y Nuevas Economías de la Universidad de Buenos Aires (PIDESONE), el Centro Regional Ecuménico (CREAS) y la Red Mundial de Ética (GLOBETHICS); y da continuidad a un proceso de reflexión realizado en dos diálogos anteriores sobre ética y economía realizado en noviembre 2016 y 2017.

Los Diálogos de Alto Nivel sobre Ética y Economía, por su carácter interdisciplinario y ecuménico, han recogido las distintas contribuciones y reflexiones sobre la economía y las finanzas elaboradas desde perspectivas religiosas.

Entre dichos documentos podemos mencionar la “Laudato si‘“, la segunda encíclica del Papa Francisco presentada en junio de 2015, que contiene un fuerte llamado a revisar el modo de relacionarnos con nuestro planeta, a abatir las inequidades y la exclusión y dedica varias páginas a la arquitectura financiera internacional. Dichas referencias se pueden integrar con el reciente documento “Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del sistema económico-financiero actual“, publicado por la Santa Sede el pasado 17 de mayo.

Elaborado por la Congregación para la Doctrina de la Fe en colaboración con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, el reciente documento realiza una “reflexión ética sobre distintos aspectos de intermediación financiera, cuyo funcionamiento, habiéndose desvinculado de fundamentos antropológicos y morales apropiados, no sólo ha producido abusos e injusticias evidentes, sino que se ha demostrado también capaz de crear crisis sistémicas en todo el mundo”.

Así, hace referencia al crecimiento indiscriminado de las ganancias por sobre el bienestar integral; denuncia la finalidad especulativa y se detiene en la consideración ética de ciertas prácticas e instrumentos financieros como los credit default swap (CDS); los sistemas bancarios paralelos (shadow banking system); las finanzas offshore; la deuda pública soberana de los estados, entre otras; advirtiendo el grave perjuicio que dichas prácticas pueden generar a la salud del sistema económico- social, afectando su funcionalidad y dañando la realización efectiva del bien común.

una nueva arquitectura financiera y económica basada en los principios de justicia económica, social y climática; al servicio de la economía real

También el movimiento ecuménico ha desarrollado una serie de exhortaciones, declaraciones y documentos teológicos en torno a la ética y economía. Entre ellas, podemos mencionar “La Declaración de Sao Paulo: Transformación Financiera Internacional para la Economía de la Vida” (2012), formulada conjuntamente por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR) y el Consejo para la Misión Mundial (CMM).
La Declaración de Sao Paulo propone una nueva arquitectura financiera y económica basada en los principios de justicia económica, social y climática; al servicio de la economía real y con límites definidos a la ambición. Las mismas organizaciones junto con la Federación Luterana Mundial promueven el nuevo proceso denominado “Nueva Arquitectura Financiera y Económica Internacional” (NIFEA, por sus siglas en inglés).

Recientemente, en el Foro para la Financiación del Desarrollo de la ONU llevado a cabo del 23 al 26 de abril en Nueva York de este año, elevó su “Declaración pública de NIFEA”. El proceso de NIFEA se nutre, al mismo tiempo, de otros documentos como: “La economía de vida, justicia y paz: Un llamamiento a la acción” (2014), la “Declaración sobre finanzas justas y economía de vida” (2009) y “AGAPE llamamiento a la acción” (2012), elaborados por el Consejo Mundial de Iglesias y La Confesión de Accra” (2004) de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR).

Como se denotara en las ponencias del primer Diálogo sobre Ética y Economía, plasmadas en el documento “Ética y economía: la relación dañada. Aportes camino al G-20 2018 en el marco de la Agenda 2030” publicado en 2017, vivimos en un mundo donde un 75% de los 147 grupos económicos que controlan el 40% del sistema corporativo global son bancos.

Un mundo donde sólo 28 gigantes financieros manejan activos equivalentes al 65% de la economía global, superando ampliamente en producto y poder económico a muchas naciones.

Cambiar las finanzas como las conocemos es entonces un paso fundamental para cambiar nuestro sistema económico y productivo. Buscar equidad y ética hacia dentro de las finanzas y la economía no es solo una deuda moral y social, es también un desafío crítico y necesario para un desarrollo sostenible.

Los argumentos expuestos en esta tribuna responden en exclusiva al punto de vista del autor, que es responsable de las opiniones manifestadas, y no reflejan en ningún caso la postura de la SEGIB

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