Tribuna

Emprender para mejorar la vida de las personas

Foto: Google play

Desde muy chico, mucho más que ahora, siempre quise cambiar el mundo. Inventar algo, encontrar vida en algún planeta lejano o descubrir la cura para alguna enfermedad eran sueños recurrentes.

Pero este proceso de más de dos años me llevó a darme cuenta de que había otras formas de cambiar el mundo, no tan grandilocuentes, pero si con enorme impacto.

Me di cuenta de que emprender no se trata de crear una herramienta que revolucione la forma en que vive la humanidad. Convertirse en astronauta y descubrir vida extraterrestre puede ser un sueño alentador, y si realmente les ilusiona y es lo que quieren, adelante, pero mi propuesta es empezar por algo más pequeño, aunque no menos importante.

No se trata de sentarse y pensar en el invento más revolucionario que se haya creado jamás, porque probablemente todo lo que se nos ocurra ya lo haya pensado alguien antes

La primer idea clave es, como dice Simon Sinek, “empezar por el ¿Por qué?” y no por el “Qué?”. Me explico: No se trata de sentarse y pensar en el invento más revolucionario que se haya creado jamás, porque probablemente todo lo que se nos ocurra ya lo haya pensado alguien antes, y terminaríamos con una hoja llena de tachones.

Se trata de encontrar una razón para emprender. De encontrar algo que nos motive a levantarnos todos los días a la mañana o – en mi caso – quedarnos hasta bien tarde a la noche trabajando. La idea es comenzar preguntándonos ¿Por qué emprender? En mi caso, la respuesta era sencilla: Quería mejorar la vida de las personas.

La segunda clave para llevar adelante un emprendimiento exitoso está en observar. El buen en emprendedor es antes un muy buen observador.

Miremos a nuestro entorno, a la gente que nos rodea y que a veces la cotidianeidad nos lleva a pasar por alto. ¿En mi caso? La comunidad sorda. Mi mamá, Mercedes, es profesora de sordos hace 35 años, y dedicó su vida a enseñarles LSA (Lengua de Señas Argentina) a chicos sordos y con problemas para la comunicación y el lenguaje.

Los problemas que tiene que afrontar esta comunidad en su vida cotidiana eran parte importante de nuestras cenas familiares, tenemos en la familia muchos amigos sordos que lo viven en carne propia, e incluso yo puedo hablar en LSA, aunque menos de lo que me gustaría. ¡Tarea pendiente para el 2019!

qué mejor lugar para empezar que la comunidad sorda a la que tanto conocía y tan cerca tenía

Combinando estas dos cosas, es que todo empezó un día en mi habitación. ¿Quería cambiar el mundo? ¿Quería mejorar la vida de las personas? Si y si ¿Y qué mejor lugar para empezar que la comunidad sorda a la que tanto conocía y tan cerca tenía?.

Así, gracias a lo que aprendí en mi colegio secundario – Escuelas Técnicas ORT – pude crear ¡Háblalo!: Un traductor de texto a voz y de voz a texto en tiempo real que permite a sordos y oyentes tener una comunicación más fluida de forma gratuita y sin conexión a internet.

Hoy la app asiste a más de 45.000 personas en 46 países del mundo, y se ha ganado grandes reconocimientos internacionales. Pero todo comenzó como un proyecto casero, precario y sin muchas funcionalidades, que se volvió enorme gracias a la asistencia y horas de trabajo duro de muchas personas.

Así que aquí viene mi tercer consejo: crear redes.
Hay mucha gente que tiene ganas de ayudar, de emprender y de embarcarse en proyectos que tengan impacto. No hay que tener miedo de golpear puertas, de buscar ayuda, ya sea de un amigo, alguien a quien admires, un periodista o un ministro.

Le conté esta idea – y otras que tengo dando vueltas – a mucha gente, y la mayoría estaba dispuesta a escucharme y ayudar. Así conocí al Ministro de Ciencia y Tecnología de la Provincia de Buenos Aires, Jorge Elustondo, que me llevó a trabajar con él, se entusiasmó con mi proyecto y me ayudó a que ¡Háblalo! se convirtiera en una herramienta utilizada por el Gobierno de la Provincia para ofrecer mejores servicios a personas con discapacidad.

Cada persona a la que conocí me abrió alguna puerta o alguna ventana, me puso en contacto con alguien o me aconsejó algo. Por eso, las relaciones humanas son fundamentales. Ningún emprendedor logró nada estando solo.

En este camino también me di cuenta de algo increíble, que ¡Háblalo! podía ayudar a gente con otras dificultades, como el autismo, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) o parálisis cerebral, lo cual me obliga a reinventar la aplicación constantemente. ¡Uno nunca sabe de qué manera va a impactar su proyecto hasta que empieza a llegar el feedback!.

Mi cuarto – y prometo que último – consejo es soñar en grande.
Y aunque parezca, no me estoy contradiciendo con lo que dije antes. La vida me enseñó que tenía que empezar por algo más chico, sí. Pero nunca tendríamos que perder esa capacidad casi inocente de soñar con cosas grandes, que parezcan imposibles.

Por eso, el año pasado creé mi propia empresa: Asteroid Technologies, que busca desarrollar proyectos y productos innovadores que ayuden a introducir al mundo en la cuarta revolución industrial, pero invirtiendo constantemente en tecnología para la discapacidad.

Entonces, a modo de resumen, cualquiera puede emprender, desde cualquier país del mundo. Si yo, a los 18 años desde Buenos Aires pude hacerlo, vos, que estás leyendo este artículo en este momento, podes hacerlo también. ¡Solo hacen falta una computadora con conexión a internet, y muchas ganas de cambiar el mundo!

Los argumentos expuestos en esta tribuna responden en exclusiva al punto de vista del autor, que es responsable de las opiniones manifestadas, y no reflejan en ningún caso la postura de la SEGIB

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