Tribuna

La Reforma de las Naciones Unidas y el espacio iberoamericano

Entrados ya en el tercer año de la vigencia de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, decenas de países en todo el mundo están ajustando sus políticas públicas y mecanismos institucionales a esta nueva y compleja agenda.

Entre 2016 y 2018, un total de 112 países habrán presentado sus Reportes Nacionales Voluntarios al Foro Político de Alto Nivel (HLPF por su sigla en inglés), la cita anual para debatir los avances en la Agenda 2030.

Que el desarrollo sostenible es una máxima prioridad en Iberoamérica, queda vivamente reflejado en el hecho de que, hasta julio de 2018, 19 de los 22 países miembros del espacio Iberoamericano – de ambos lados del Atlántico – habrán reportado al HLPF.

19 de los 22 países miembros del espacio Iberoamericano han presentado sus Reportes Nacionales Voluntarios al Foro Político de Alto Nivel

Comparado con el dinamismo de los países para poner en práctica los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el sistema multilateral aún enfrenta dificultades de renovar sus enfoques estratégicos y operativos en esta línea.

Uno de los pilares por reforzar es el Sistema de Desarrollo de Naciones Unidas. El UNDS (por su sigla en inglés) abarca a las agencias, programas, fondos y comisiones con mandato en temas de desarrollo.
Al heredar el Sistema a principios de 2017, el nuevo Secretario General de las Naciones Unidas, el portugués António Guterres, ha identificado como prioridad que el UNDS esté a la altura de la Agenda 2030. Aprovechando el capital transformador de esta agenda, Guterres ha dado un nuevo impulso a la reforma del sistema, que se viene debatiendo desde los años 70. Se trata de saldar una deuda pendiente de las Naciones Unidas: Asegurar que su sistema de desarrollo cumpla con el mandato de servir a los países.

Asegurar que su sistema de desarrollo cumpla con el mandato de servir a los países.

En este orden, el Secretario General lanzó en junio de 2017 una visión estratégica sobre el “reposicionamiento” del UNDS que se profundizó en diciembre pasado con propuestas concretas. Éstas parten de conclusiones tales como “el modelo actual ha alcanzado su punto de agotamiento y no está a la altura de la ambición de la Agenda 2030” y que “el régimen tradicional de gobernanza en la cooperación del sistema se ha basado casi exclusivamente en el consenso, con escasa rendición de cuentas”.
Para adaptar el UNDS a la Agenda 2030, el Secretario General propone iniciativas a tres niveles: Nacional, regional y global. Así, se pretende ofrecer mejores servicios a los países en sus procesos nacionales, una articulación regional más eficiente y una gobernanza global con más rendición de cuentas.
Las negociaciones actuales en Nueva York se centran especialmente en la articulación del UNDS en los países y su asociación renovada con los Gobiernos, a partir de un mayor liderazgo de los Coordinadores Residentes como cabeza política del UNDS.

Se pretende que las agencias presentes en los países respondan al Coordinador Residente y se responsabilicen ante los Gobiernos. Además, que la programación conjunta del UNDS se ancle en las prioridades nacionales de la Agenda 2030.

Finalmente se quiere asegurar una presencia más eficiente del Sistema, posiblemente reduciendo la representación de agencias que ejecutan fondos muy limitados y/o con altos costes administrativos.
Otra ruta de la reforma afecta a las estructuras regionales del UNDS, principalmente las Comisiones Económicas Regionales (la CEPAL en América Latina y el Caribe) y las oficinas regionales de las agencias. Aunque no es una prioridad inmediata, el Secretario General pretende asegurar que las Comisiones Económicas Regionales presten mejores servicios a los países y que se revise la presencia regional del sistema, dispersa en múltiples países y ciudades.

la reforma del sistema de desarrollo de las Naciones Unidas no solo marcará el futuro del quehacer multilateral, sino que influye en cuanto a la factibilidad de las premisas del desarrollo sostenible en los próximos años.

Siendo una reforma aún por arrancar, la misma ofrece varias entradas para los países iberoamericanos para definir sus prioridades e incidir en el curso que tomará el reposicionamiento del UNDS ante la Agenda 2030. Entre los aspectos relevantes se encuentran los siguientes:

 

– Para la región resulta vital que el UNDS ofrezca servicios adaptados a los Países de Renta Media (PRM) en sus esfuerzos por implementar la Agenda 2030. Además de colaborar en la lucha contra la pobreza y la desigualdad, el apoyo a los PRM iberoamericanos significaría una mayor especialización en los ODS “nuevos” relacionados con energía (ODS 7), trabajo y crecimiento económico (ODS 8), infraestructura (ODS 9), además consumo y producción sostenible (ODS 12).

– Una presencia nacional más eficiente no debería eliminar el acceso a servicios especializados de pequeñas agencias del UNDS. Por su parte, los países con mayor apoyo del UNDS – por ejemplo, en Centroamérica – sin duda se beneficiarían de poder interactuar con los Coordinadores Residentes como autoridad de un UNDS más disciplinado.

– En lo regional, el espacio iberoamericano cuenta con el apoyo de la CEPAL, quizá la Comisión Económica Regional que más en serio se ha tomado la Agenda 2030, entre otros preparando reportes regionales y convocando los Foros Regionales de Desarrollo Sostenible celebrados unas semanas antes del HLPF. Para el futuro se debería profundizar el trabajo del UNDS, junto con los países, en los ODS más impactados por dinámicas regionales y subregionales, especialmente en temas económicos y ambientales.

– A nivel global, quedan interrogantes sobre la rendición de cuentas del UNDS y su capacidad de sumar al dinamismo nacional de la Agenda 2030, particularmente en los PRM. Aquí hay que prestar atención a los cambios en las estructuras globales incluyendo la Comisión Económica y Social, y del propio HLPF que pasará por modificaciones a partir de su edición del 2019.
En esencia, la reforma del sistema de desarrollo de las Naciones Unidas no solo marcará el futuro del quehacer multilateral, sino que influye en cuanto a la factibilidad de las premisas del desarrollo sostenible en los próximos años. En el contexto iberoamericano, volcado con la Agenda 2030, se podrá redefinir la asociación con las agencias del UNDS tomando en cuenta la condición de PRM que comparten los países en el lado americano. Y es precisamente por este potencial que la reforma impulsada por el Secretario General Guterres, no en vano un ciudadano iberoamericano, merece particular atención por parte de los Gobiernos y demás actores.

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