Tribuna

La fuerza del vínculo, clave para afrontar los desafíos globales

Los vínculos sociales se han convertido en clave para el fortalecimiento del desarrollo regional.

En un contexto internacional que impone nuevos desafíos a las instituciones que marcaron las relaciones internacionales en los últimos cincuenta años, la cooperación iberoamericana ocupa un lugar cada vez más relevante. Algunos de los fenómenos que marcan el nuevo escenario global están relacionados con crisis económicas estructurales, políticas, sociales y migratorias, un descreimiento de las instituciones, nuevas formas de integración económica, producción y comercialización, entre otras. En definitiva, se observa una aceleración del proceso de globalización en todas sus expresiones.

En este escenario los vínculos formales de cooperación internacional deben ser destacados, especialmente cuando alcanzan niveles de madurez y legitimidad como es el caso de las relaciones iberoamericanas. Sin lugar a dudas, el papel jugado por las Cumbre Iberoamericanas en los últimos 25 años permitió una institucionalización de las relaciones entre América Latina y Europa, especialmente por la importancia que España le ha otorgado a dicho instrumento para incorporar la agenda latinoamericana al interior de su continente. Los canales de relacionamiento entre los dos actores están pautados por la historia, los valores, la política, la cooperación, el desarrollo social y económico, entre tantos otros.

El desarrollo institucional de América Latina tiene mucho que ver con su relación con Europa y con la cooperación iberoamericana

El desarrollo de las Cumbres Iberoamericanas desde Guadalajara en 1991 hasta la próxima a realizarse en Cartagena de Indias en 2016, actuaron como testigos de las transformaciones internas y externas a impulso del desarrollo económico, estabilidad social, política y consolidación de los procesos de integración, pero también de una aceleración de la globalización que podría derivar en la configuración de un nuevo sistema internacional. En los últimos 25 años, América Latina y Europa terminaron de consolidar procesos que favorecieron la paz y el desarrollo. El reciente acuerdo de Paz alcanzado en Colombia, es un paso firme hacia la pacificación de América Latina y un ejemplo en ese sentido.

Los procesos de integración son instrumentos para alcanzar dichos objetivos y fueron parte de la historia de las relaciones iberoamericanas en las últimas décadas. El éxito del modelo europeo de integración más allá de sus dificultades recientes, las que por cierto no deben sobredimensionarse, fue uno de los pilares para muchos de los procesos de integración de América Latina, que siguieron caminos similares con particularidades propias. El desarrollo institucional alcanzado en América Latina tiene mucho que ver con la relación con Europa y en particular con la cooperación iberoamericana. Los desafíos que también atraviesan gran parte de los procesos de integración creados en décadas anteriores, llevan a potenciar el papel de la cooperación internacional en general, pero especialmente la iberoamericana que presenta arraigos culturales e históricos en momentos en que se enfrentan crisis generalizadas en valores fundamentales para la vida en sociedad.

Es preciso adaptar los marcos institucionales vigenrtes a las nuevas realidades

Por otro lado, debe tenerse en cuenta que las relaciones institucionales enfrentan nuevos desafíos a partir del escenario global comentado, por lo que deberán adelantarse a los cambios introduciendo en la agenda aquellos temas que marcarán el desarrollo de las próximas décadas y que implican en muchos casos un nuevo enfoque de las relaciones clásicas de la cooperación, lo que en muchos casos impondrán reformas en los modelos. De cierta forma, la crisis europea o la que atraviesan algunos de los procesos de integración de la región latinoamericana, confirman la necesidad de adaptar a las nuevas realidades los marcos institucionales vigentes, con una lógica de flexibilización y apostando a la inclusión de todos los actores. Este es uno de los principales desafíos en el escenario iberoamericano tras 25 años de existencia de cumbres ininterrumpidas.

La fortaleza de las relaciones entre América Latina y Europa a partir de un vínculo cada vez más profundo con España y Portugal, es un vehículo para enfrentar relaciones complejas con otros actores, como por ejemplo Asia Pacífico, Medio Oriente o África. El dinamismo mostrado por las regiones mencionadas abre nuevas necesidades, las que van mucho más allá de la esfera económica y comercial.

En este sentido, los vínculos iberoamericanos seguirán ocupando un papel clave para enfrentar los nuevos desafíos de la agenda global, las relaciones con nuevos actores y culturas, pero también para atender a los desafíos internos en sociedades que están molestas por sentirse excluidas de algunos de los fenómenos comentados en esta columna. Pero lo que es peor, por no identificar un futuro en su país y región.Los temas centrales de la próxima reunión iberoamericana en Cartagena de Indias: juventud, emprendimiento y educación, son centrales e indican que las relaciones iberoamericanas incorporan al análisis los desafíos globales mencionados anteriormente.

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