Tribuna

Cooperación Internacional: Áreas de oportunidad para el desarrollo a través de la ciencia, la tecnología y la innovación

Laboratorio de Innovación Ciudadana de la Secretaría General Iberoamericana. Argentina, 2018

Cuando hablamos de inversión en investigación y desarrollo, (I+D+I) enseguida nos imaginamos gráficos, proyecciones e incluso simulación de escenarios para mostrar el ordenamiento de los países según este indicador.

Aunque no es  necesario aquí traer estos indicadores, resulta ineludible destacar que a nivel global la división internacional del trabajo científico se ha venido acentuando con el transcurso de las décadas y con tal división también se ha intensificado la brecha tecnológica tanto en los aspectos de desarrollo, la exportación como en el acceso a la tecnología.

En ese orden de cosas, las instituciones de los sistemas científicos se han visto compelidas a expresar su categoría y lugar en el mapa de actores; manteniendo la vigencia de la relación entre el centro y la periferia.

No obstante, el coronavirus nos igualó a todos por igual. Hoy el mundo entero está expectante detrás de la vacuna, a la vez que otros productos y mercados se están desarrollando  sin freno ni pausa gracias a la oportunidad comercial, la capacidad de articulación público privado, los avances científicos, la participación de las universidades y el financiamiento focalizado.

Ésta es una de las enseñanzas del coronavirus: hay que pensar y hacer distinto para vivir con el virus.

En efecto, como sociedad nos hemos visto en la obligación de repensar la conciliación de la vida laboral y familiar, el sentido amplio del trabajo, el diseño de las ciudades sustentables, la circulación humana, el control poblacional, la vida digital y un sinfín de aspectos más de la vida particular, familiar, social.

En este contexto, tenemos la oportunidad de revisar el diseño y la evaluación de las políticas públicas en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Porque el virus y la pandemia han llegado para patear el tablero.  Y eso nos ha llevado a observar situaciones de las cuales extraer enseñanzas para una redefinición sistémica.

Ésta es una de las enseñanzas del coronavirus: hay que pensar y hacer distinto para vivir con el virus.

En primer lugar las oficinas públicas tuvieron que modernizarse. Desde la simple digitalización de una mesa de entrada de documentación (informes, rendiciones, proyectos finales, etc.) hasta la reorganización de las comunicaciones institucionales.

Además,  los recursos humanos y los grupos de trabajo debieron adaptarse con herramientas nuevas para mantener un rendimiento remoto adecuado y una reorganización social responsable.

Por otro lado, en América Latina los sistemas nacionales de CTI suelen contar con organismos muy dispares, lo cual redunda en desarticulaciones o solapamiento de sus intervenciones descuidando la oportunidad de coordinar proyectos de trabajo interinstitucional y multidisciplinario, identificando áreas de vacancia científica.

Asimismo, al analizar la región iberoamericana, se puede observar que algunas de las convocatorias de proyectos científicos fueron pensadas para priorizar aquellas propuestas que tuvieran impacto temprano, enfrentando la emergencia, pero dejando de lado aquellos de ejecución de largo plazo o pensadas para la post pandemia.

Es menester contar con nuevos  instrumentos de financiación: como posibilidad de innovación pública, creación de nuevos mecanismos de identificación de oportunidades, establecimientos de convenios locales y acuerdos internacionales de trabajo, movilidad y capitales de riesgo.

Los gobiernos locales comenzaron a verse como las organizaciones más idóneas para atender problemas cuyas soluciones requerían agilidad y eficacia, dada la situación de desborde sanitario y comunitario. (Los gobiernos nacionales si bien cuentan con mayor alcance y recursos no tienen la capacidad de intervenir directa y concretamente en el terreno de manera inmediata).

Es menester contar con nuevos  instrumentos de financiación: como posibilidad de innovación pública, creación de nuevos mecanismos de identificación de oportunidades, establecimientos de convenios locales y acuerdos internacionales de trabajo, movilidad y capitales de riesgo.

Se invita a  pensar en la internacionalización de las marcas jurisdiccionales exportando tanto la marca de las localidades a través de sus gobiernos municipales como las marcas-provincia.

Se presenta la pertinencia  de reeditar el marco conceptual de la Cooperación Sur-Sur, haciendo foco en la conformación de nodos y redes, promoviendo la igualdad de género y el federalismo en cada uno de los países.

Es necesario alcanzar cuanto antes las bases de un nuevo pacto social iberoamericano que permita establecer una estrategia iberoamericana de Innovación, aprovechando las enseñanzas del coronavirus.

Los argumentos expuestos en esta tribuna responden en exclusiva al punto de vista del autor, que es responsable de las opiniones manifestadas, y no reflejan en ningún caso la postura de la SEGIB

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