innovación pública

Se buscan nuevas instituciones para un nuevo tiempo

Iberoamérica se encuentra ante un momento decisivo para “relanzar” un nuevo tipo de instituciones públicas, con la innovación como puente entre lo gubernamental y lo ciudadano.

La pandemia marca un cambio de época. A la crisis sanitaria causada por el coronavirus ha seguido una profunda crisis socioeconómica que ha sumido a millones de personas en la pobreza y que está alimentando otra crisis que ya venía gestándose durante la última década: la desconfianza y el desencanto de la ciudadanía hacia las instituciones públicas y hacia la democracia.

El Latinobarómetro 2021, realizado en plena pandemia, refleja cómo la confianza de los ciudadanos en los gobiernos de América Latina ha estado descendiendo paulatinamente hasta situarse en 27% en 2020. La fragilidad de la democracia intensifica el riesgo de populismos y autoritarismos, precisamente en un momento en que nuestros países necesitan grandes pactos sociales para encaminar una recuperación con transformación.

La ciudadanía demanda una “mejor democracia”, que va más allá de las urnas. Se necesitan instituciones públicas más ágiles, transparentes y cercanas.

Enfrentar los grandes desafíos de nuestro tiempo como la COVID, el cambio climático, la reconversión digital o la lucha contra la pobreza requiere entender que nos conciernen a todos y que, por tanto, la ciudadanía también es parte de la solución. Pero es el sector público el que tiene la responsabilidad, las herramientas y la estructura para enfrentarlos, explica Rudi Borrmann, director de la Alianza para el Gobierno Abierto, integrada por 80 países, 76 gobiernos locales y más de 3 mil organizaciones de la sociedad civil que trabajan para desarrollar planes y políticas de apertura en los Estados.

Innovación para “una mejor administración”

¿Qué papel tiene la innovación pública para “reconectar” a la ciudadanía con las instituciones? La innovación pública puede ayudar a tender los puentes que tanta falta hacen entre lo institucional y lo ciudadano.

“La complejidad y dimensión de la pandemia demostraron la necesidad de arquitecturas institucionales más flexibles, ágiles y resilientes, capaces de incorporar toda la energía de la sociedad para aprender de su talento y creatividad, dándole mayor protagonismo a la ciudadanía (activistas, em­prendedores, tejido asociativo, academia) no solo en la toma de decisiones sino también en el diseño e imple­mentación de las estrategias”, explica Raúl Olivan, director general de Gobierno Abierto Aragón y creador de la metodología denominada “Hexágono de la Innovación Pública”.

La pandemia y el inicio de la recuperación están acelerando agendas de innovación pública que ya venían gestándose en algunas administraciones en temas como transparencia, acceso a datos, simplificación administrativa y el paso hacia la administración electrónica. Algunos países iberoamericanos están apostando también por la innovación abierta y la innovación ciudadana para encontrar soluciones colaborativas a desafíos concretos.

Un aspecto determinante para acelerar esta transformación a través de la innovación pública es la apertura de datos, que es a la vez un derecho ciudadano (derecho a la información) y un paso para acercar las instituciones a la ciudadanía, explica Natalia Carfi, directora ejecutiva de la Carta Internacional de Datos Abiertos (Open Data Charter), una alianza colaborativa entre 150 gobiernos y organizaciones civiles que impulsan la apertura de datos con base en un conjunto de principios compartidos.

“La ciudadanía tiene derecho a saber las decisiones y planificaciones que se están tomando para la recuperación. Los datos abiertos permiten conocer lo que se está haciendo con fondos públicos.”

¿Cómo es una institución innovadora?

Innovar en las instituciones pasa por nuevas formas de relacionarse con la ciudadanía, un profundo cambio cultural en las administraciones y entender que la información y las soluciones no son propiedad exclusiva de los gobiernos, coinciden Carfi y Borrmann.

La innovación pública solo puede producirse cuando se abren las instituciones y se trabaja en red. No puede haber innovación en ecosistemas cerrados.

Por tanto, la innovación pública requiere pasar de estructuras institucionales cerradas, jerárquicas y verticales a redes de colaboración a lo interno de las organizaciones, entre otras instituciones del Estado y con la sociedad civil.  En definitiva, “pasar de instituciones que mandan a instituciones que aprenden”, que logran esa conexión entre lo público y lo social que hace prosperar la innovación.

“Instituciones que aprenden” es precisamente el título del informe elaborado por Raúl Olivan a petición de la Secretaría General Iberoamericana, donde propone el “Hexágono de la Innovación Pública (HIP), un cambio estructural a través de seis estrategias: (OPEN_ abierto, TRANS_ trans­versal, FAST_ ágil, PROTO_ modelado, CO_ colaborativo y TEC_ tecnológico).

Una agenda de innovación pública para Iberoamérica

Funcionarios/as trabajan en el Laboratorio de Gobierno en Chile, una institución pionera en la innovación pública en América Latina

“En Iberoamérica estamos viendo una aceleración de las agendas de transformación pública y digitalización de los Estados. Existe además una ‘nueva energía’ a través de comunidades especializadas en innovación pública, gobierno abierto, datos abiertos, tecnología cívica, big data que están impulsando estos cambios, pero falta un puente que institucionalice y ponga estas áreas más arriba en las prioridades, reconoce Rudi Borrmann.

Precisamente para “elevar esta prioridad”, nace la Agenda Iberoamericana de la Innovación Pública, que se está construyendo a partir del mandato de la XXVII Cumbre Iberoamericana y aprovechando la red de alianzas de gobiernos, sociedad civil, gobiernos locales y sector privado, que encuentran en el Espacio Iberoamericano ese necesario “puente” al que se refiere Borrmann.

Esta agenda, que se presentará en el marco de la próxima Cumbre Iberoamericana, busca articular los distintos ecosistemas de innovación pública de la región, generar espacios de diálogo para compartir conocimientos, así como proyectos conjuntos entre gobiernos nacionales y gobiernos locales.

Ese camino hacia la construcción de una “mejor normalidad” pasa necesariamente por una reforma institucional profunda para reconectar instituciones y ciudadanía, con la innovación como hilo conductor. El momento es propicio para que Iberoamérica tome el liderazgo en esa transformación tan urgente como necesaria.

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