Género

¿Por qué las mujeres son minoría en ciencia y tecnología?

Las barreras de género en disciplinas STEM se presentan desde la niñez y adolescencia, acentuándose a lo largo de la vida profesional. Roles de género, expectativas del entorno y limitaciones económicas restringen la participación de niñas y mujeres en ciencia y tecnología.

La crisis de la COVID19 puso en evidencia la importancia de la ciencia, la tecnología, la innovación y la transferencia de conocimiento, no solo para enfrentar la pandemia, sino para responder a grandes desafíos como la recuperación con transformación, productividad, competitividad, lucha contra el cambio climático y la reducción de la pobreza, entre otros temas.

Conocidas como las “carreras del futuro”, las disciplinas STEM, relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas, tienen una remuneración dos tercios mayor que otras disciplinas, según el Instituto de Estadística de la UNESCO.  Y dentro de ellas, las profesiones mejor pagadas como ingeniería e informática son precisamente las que registran porcentajes más bajos de participación femenina.

En plena era del conocimiento e inmersos en la Cuarta Revolución Industrial, la brecha de género se amplía cuanto más alto es el nivel de especialización. Es llamativo que solo el 3% de los Premios Nobel en Ciencias se han otorgado a mujeres y que solo uno de cada tres investigadores a nivel mundial sea mujer, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Mujer, ciencia y tecnología en Iberoamérica

Según datos del Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (Observatorio CTS), en nuestra región, un 44% de mujeres se dedican a la investigación científica contra un 56% de los hombres. La participación se reduce a un 40% en los campos de ingeniería, tecnología y ciencias agrícolas.

El 44% de las personas que se dedican a la investigación científica en Iberoamérica son mujeres.

Sin embargo, este promedio esconde asimetrías entre países. Por ejemplo, en Portugal y Argentina ellas participaron en más del 50% de las publicaciones especializadas, mientras que en Nicaragua, Perú, Chile, Honduras, Costa Rica, México y Colombia participaron en menos del 40% del total, revela el Observatorio CTS de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

Las brechas de género en ciencia, tecnología y en las carreras universitarias vinculadas a disciplinas STEM se presentan desde las primeras etapas de la vida de las niñas y van acentuándose en cada uno de los niveles subsiguientes.

Mujeres en la educación superior

La brecha de género en ciencia y tecnología contrasta con las estadísticas de educación superior. A pesar de que, en Iberoamérica, un 58% de todas las personas que finalizan sus estudios de grado y maestría son mujeres, el porcentaje de graduadas se reduce al 20% en carreras de ingeniería y a un 32% en profesiones relacionadas con tecnologías de la información y comunicación.

Las estadísticas del Observatorio CTS muestran que la mayoría de las universitarias se gradúan de carreras vinculadas a la educación, la salud y ciencias sociales.

Igualdad de oportunidades y roles de género

Roles de género, expectativas de familiares, docentes y compañeros/as influyen sobre niñas y jóvenes a la hora de elegir sus campos de estudio.  En muchos casos, las familias tienden a favorecer la inversión en educación de los varones en detrimento de las mujeres.

Solo el 3% de los Premios Nobel en Ciencias se han otorgado a mujeres y a nivel mundial apenas uno de cada tres investigadores es mujer

En la etapa profesional, las mujeres en la ciencia también sufren prejuicios en procesos de contratación, ascensos y remuneración, por lo que tienden más a enfocarse en la docencia que en la investigación, explica el informe conjunto de ONU Mujeres y UNESCO “Mujeres en Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas en América Latina y el Caribe”.

La igualdad de oportunidades en disciplinas STEM ayudaría a reducir las brechas salariales entre hombres y mujeres, mejoraría la seguridad económica de las mujeres y diversificaría la fuerza laboral de nuestra región, al incorporar más capacidad y talento femeninos en sectores tan estratégicos para la sociedad como la ciencia, la tecnología y la innovación.

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