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Bancos que alimentan vidas

E n ocasiones la vida es más liviana que el paquete de azúcar que compramos en el supermercado. Un bebé prematuro apenas sobrepasa el medio kilo de peso, y esa fragilidad convierte a la leche materna en factor de supervivencia. Sin embargo, a veces, las propias circunstancias del parto incapacitan a las madres para amamantar a su pequeño durante las primeras semanas. Comienza entonces esta historia, con más de un millón y medio de neonatos que salieron adelante gracias a la cooperación entre mujeres.

Desde su fundación en 2007, el Programa Iberoamericano Red Bancos de Leche promueve un sistema de cooperación de lactancia en el que unas madres ayudan a otras, donando el excedente de la leche que producen. Esta leche se almacena en neveras y sirve para asistir a esas otras madres con incapacidad temporal. Durante el periodo 2009-2015, alrededor de un millón y medio de mujeres de la región donaron 1 millón 300 mil litros de leche, lo que permitió atender a 15 millones de madres, según datos del Programa.

Antes de que se extendiera a toda Iberoamérica, el origen de esta iniciativa se encuentra en Brasil, donde ha tenido un exitoso recorrido. Aunque el primer banco de leche se fundó en octubre de 1943, fue en el año 1985 cuando el proyecto adquirió una nueva dimensión. “En ese momento comprendimos que teníamos que cambiar el paradigma empleado hasta entonces y empezar a tratarlo como una política pública”, reflexiona el coordinador del Programa Joao Aprigio Guerra de Almeida, investigador del Instituto Fernandes Figueira de la Fundación Oswaldo Cruz.

Las mujeres son las verdaderas protagonistas, gracias a ellas se salvan miles de vidas

El cambio sitúo a la mujer como principal personaje y verdadera protagonista, tanto en su papel de beneficiaria como de donante. La leche materna dejó de ser una secreción más y se convirtió en un factor funcional de soberanía alimentaria. Y la tecnología supuso la palanca de transformación de este proceso. “Logramos poner la ciencia al servicio de la sociedad, investigar aquello que se necesitaba para avanzar, tener mayor seguridad y reducir los costes que hicieran el proyecto viable”.

Ese empeño permitió reducir en un 85% los costes iniciales. El precio de los recipientes para almacenar la leche y la importación de máquinas pasteurizadoras de EEUU, cuya unidad oscilaba en torno a 25 mil dólares en una época en la que el tipo de cambio era perjudicial para el real brasileño, hacían casi imposible implementar el proyecto.

 

El Dr. João Aprigio Guerra de Almeida es el coordinador del Programa, y responsable de gran parte de su éxito.

El Dr. João Aprigio Guerra de Almeida es el coordinador del Programa, y responsable de gran parte de su éxito.

 

“Entonces, gracias a las investigaciones, todo dio un giro”, relata Aprigio, “descubrimos que un frasco común de café o de mayonesa reciclado también servía para guardar la leche en perfectas condiciones”. Junto a este hallazgo, el equipo de la Fundación Oswaldo Cruz desarrolló una metodología de pasteurización de la leche al baño maría que posibilitaba la sustitución de la maquinaria importada por equipos fabricados en Brasil, con un coste unitario de 1.500 dólares.

La viabilidad económica fue la primera piedra, pero ¿cuál es el secreto del éxito posterior? “En verdad, no se trata tanto de encontrar una fórmula secreta como de ser efectivos. Contamos con una red de profesionales cualificados, que apoyan a las madres, y que están emocionalmente implicados. Es increíble cuando años después, aparece una mujer con su hijo de 13 o 14 años y te dice mira, aquí está María, como una adolescente más, fuerte y sana, ¿te acuerdas que pesaba 600 gramos? Entonces el profesional se da cuenta de que está ayudando a la gente a seguir su vida de una forma verdadera”.

El motor del Programa es la solidaridad, la clave de su éxito

Aunque, para ser más precisos, la clave que mueve el Programa es la solidaridad. “Muchas veces pensamos que un bebé prematuro es una excepción, pero desafortunadamente no es así. Por ejemplo, en Brasil rondan el 14%”, asegura Aprigio, quien subraya la importancia del trabajo de comunicación social, no solo mediante campañas sino también en el “boca a boca” entre madres. Un factor que no entiende de fronteras.

“Recuerdo una anécdota de cuando comenzamos la implantación del primer banco de leche en el Hospital 12 de Octubre de Madrid. Al terminar las jornadas informativas, en la clausura, una doctora se me acercó y me dijo de forma muy respetuosa que no creía que el Programa triunfase en España, ya que la cultura europea era distinta a la brasileña y que las mujeres tenían otras referencias sociales”. 18 meses después de la inauguración de ese banco de leche, 337 niños ya se habían beneficiado. A día de hoy, el número de mujeres donantes en el país ibérico superan las mil.

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