Cooperación Sur-Sur

Por qué Iberoamérica es considerada una potencia global en Cooperación Sur-Sur

Hace 40 años se aprobaba en Argentina el Plan de Acción de Buenos Aires (PABA), el documento fundacional de la Cooperación Sur-Sur y Triangular. Era un mundo que empezaba a tejer sus relaciones poco a poco, gracias a la creciente interdependencia de nuestros países, y que creía en vínculos más simétricos.

Cuatro décadas después, estamos en un escenario global completamente diferente, en el que hay una mayor polarización y se observa un debilitamiento de las instituciones multilaterales.

Aun así, la Cooperación Sur-Sur (la que ocurre entre naciones como iguales para buscar soluciones concretas a los desafíos del desarrollo) muestra un enorme dinamismo en Iberoamérica.

Pero no sólo eso: nuestra región es considerada una potencia mundial en este tipo de colaboración y es la única que produce un informe regular sobre la materia.

La secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, asegura que la Cooperación Sur-Sur tiene más vigencia que nunca en el actual contexto mundial, ya que este exige seguir avanzando hacia “una participación igual y soberana en la conducción de las relaciones internacionales y una distribución equitativa de los beneficios”.

La experiencia iberoamericana en esta materia ha sido tan rica que otras regiones del mundo la han tomado como orientación

Dinamismo

La Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) que lidera Grynspan tiene precisamente el mandato de fortalecer la Cooperación Sur-Sur y desde hace más de una década publica un reporte anual sobre sus avances.

La edición 2018 del informe recoge, sistematiza y analiza un total de 1.355 iniciativas de cooperación entre países iberoamericanos. La mayoría de ellas se registran en las áreas de salud, agricultura y fortalecimiento institucional.

Descargue aquí el “Informe de la Cooperación Sur-Sur en Iberoamérica 2018

Descargue aquí el “Informe de la Cooperación Sur-Sur en Iberoamérica 2018

Como oferente, México contabilizó el mayor volumen de iniciativas, seguido por Argentina, Chile y Brasil. Por otro lado, como receptor, El Salvador registró el mayor número de intercambios, por delante de México y Colombia.

Pero la Cooperación Sur-Sur también ha tenido una fuerte proyección a nivel internacional. Según el informe de 2018, actualmente hay 300 proyectos colaborativos entre Iberoamérica y otras regiones del mundo.

En la última década, esto ha significado intercambios con nada menos que 109 países no iberoamericanos, incluyendo a Haití.

Inspiración

La experiencia iberoamericana en esta materia ha sido tan rica que otras regiones del mundo la han tomado como orientación. Así, este año se presentó el primer informe sobre Cooperación Sur-Sur en África, fruto del acompañamiento de la SEGIB.

“No sólo hemos ofrecido nuestra experiencia iberoamericana como base para apoyar a otras partes del mundo en sus propios procesos institucionales y de generación de informes regionales, como ha sido el caso de África, sino también para empezar a construir lo que sería un hito histórico, un informe global de Cooperación Sur-Sur”, destaca Grynspan.

“Este sería un logro que nos honraría a nosotros hoy y a los que estuvieron en Buenos Aires hace 40 años”, añade.

Asimismo, la Cooperación Sur-Sur ha potenciado su relevancia internacional por tener un rol estratégico en los esfuerzos por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible contenidos en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

El último reporte de la SEGIB destaca que el conjunto de los intercambios en Iberoamérica ha contribuido a la consecución de al menos uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en especial Hambre ceroSalud y bienestar, y Paz, justicia e instituciones sólidas.

Aun así, a pesar de todos estos avances conseguidos en las cuatro décadas que siguieron a la aprobación del Plan de Acción de Buenos Aires, la Cooperación Sur-Sur tiene por delante muchos desafíos y oportunidades de mejora, advierte la secretaria general iberoamericana.

“Uno de los retos más importantes es reforzarla para dar un impulso decisivo a la Agenda 2030”, precisa.

Otro es que llegue a aquellas comunidades menos atendidas y más afectadas por el flagelo de la pobreza. En el caso iberoamericano serían la comunidad indígena, los afrodescendientes, los jóvenes y las mujeres.

Se trata de un camino largo en el que los retos no cesarán, pero la comunidad iberoamericana confía en que todo esto será posible gracias a la inmensa confianza que nuestros países han depositado en los valores de la cooperación en los últimos 40 años.

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