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Trigo y soja a prueba de sequía, ejemplos de ciencia y cooperación público-privada

La tecnología HB4 desarrollada bajo el liderazgo de una científica argentina permite generar variedades de cultivos de alto rendimiento y con resistencia a la falta de agua. El ministro de CTI de Argentina, Daniel Filmus explica cómo la unión entre investigación científica y transferencia tecnológica al sector privado puede “sembrar desarrollo”.

Hace pocos días, China aprobó el uso de la soja HB4, una variedad transgénica resistente a la sequía que ha sido desarrollada enteramente en Argentina. También Australia y Nueva Zelandia hicieron lo propio con el trigo argentino HB4 de similar característica.

De esta forma, China, primer importador mundial de soja, se suma a Canadá, Estados Unidos, Brasil y Paraguay que entre 2019 y 2021 autorizaron el cultivo de esta novedosa variedad que permite incrementar el rendimiento en zonas con menos disponibilidad de agua.

Actualmente, un 85% de los países productores de soja han aprobado el uso de esta variedad argentina, demostrando que la apuesta por la ciencia, la tecnología y la colaboración entre gobierno y sector privado pueden generar valor a las exportaciones, crear empleos de calidad y ampliar nuestra capacidad productiva.

Nuestra experiencia con los cultivos mejorados con tecnología HB4 confirma tres conceptos clave de la política de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) que impulsa el Gobierno de Argentina.

El primero es la importancia de sostener e incrementar la inversión pública en CTI. El segundo es trabajar para que los avances en el conocimiento se transformen en desarrollos tecnológicos que permitan que se modifique la matriz productiva y de las exportaciones, al mismo tiempo que se atienden los principales problemas de nuestra población. En tercer lugar, la necesidad de fomentar la articulación público-privada en CTI.

En efecto, el desarrollo del gen HB4 es producto del trabajo de un equipo de investigadoras e investigadores del CONICET y la Universidad Nacional del Litoral (UNL), liderados por la doctora Raquel Chan, que trabajan en alianza con la empresa argentina de biotecnología Bioceres.

Ciencia argentina para el mundo

Para explicar cómo hemos llegado a este logro, es necesario retrotraernos a finales de la década del 90 cuando el grupo de investigación del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (CONICET-UNL) liderado por la doctora Raquel Chan, descubrió el gen que le otorga al girasol su capacidad de tolerar la sequía.

Posteriormente, la empresa argentina Bioceres comenzó a desarrollar la tecnología junto al equipo de la doctora Chan para incorporar este gen a las semillas de soja y trigo para así imprimirles la misma característica. Es así como en el año 2012 se creó la primera tecnología transgénica desarrollada íntegramente en Argentina: la HB4, y en 2016 se presentó el pedido de autorización a China, el cual ha sido aprobado la semana pasada.

© Información cortesía de Grupo Bioceres

¿Cuál es la clave para que el 85% de los productores de soja a nivel global aprueben el uso de una tecnología generada desde la investigación científica pública argentina? La respuesta a esta pregunta es tal vez la enseñanza más importante de esta experiencia. Para estar donde estamos hoy, hizo falta un respaldo continuo a este desarrollo como una política de Estado que trascendió las decisiones coyunturales de los gobiernos de turno.

Las políticas de fomento a la Ciencia y la Tecnología deben tener continuidad en el tiempo y convertirse en política de Estado

La experiencia demuestra que las políticas de fomento a la Ciencia y la Tecnología deben tener continuidad en el tiempo. No podemos volver a políticas que degradaron el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y redujeron su presupuesto nacional del 0,37 % del PBI, que se había alcanzado en el 2015, al 0,22% en el 2019.

El talento argentino, expresado en el calificado trabajo de nuestras investigadoras e investigadores, exige de estrategias que valoren y den continuidad y posibilidades de expansión a su potencial.

Hacia una economía del conocimiento

Sabemos que hay muchas formas de generar crecimiento económico. Nosotros apostamos por un modelo de crecimiento basado en el desarrollo de capacidades nacionales y agregar valor a nuestra economía a partir del aporte del trabajo calificado de nuestras y nuestros científicos, incorporando avances en este campo a nuestra producción local. Esto permitirá generar mejores condiciones de vida para todas y todos los argentinos, así como ampliar nuestros niveles de autonomía en la toma de decisiones como nación soberana en un contexto internacional cambiante.

En ese marco, el compromiso asumido por nuestro gobierno e incluido específicamente en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), de cumplimiento de la Ley de Financiamiento de la Ciencia y la Tecnología, aprobada por unanimidad en 2021, permitirá multiplicar por cuatro la inversión pública en los próximos años.

Argentina aumentará por cuatro la inversión pública destinada a la ciencia, tecnología e innovación, una apuesta por añadir valor a la producción nacional

Esta mayor inversión permitirá multiplicar también el desarrollo de productos tecnológicos sustentables que, como el HB4, fomenten el ingreso de divisas que permitan romper las restricciones externas y adquirir los insumos necesarios para impulsar nuevas y mejores producciones nacionales.

Estamos viviendo hoy nuevamente un tiempo de inversión creciente. Esta inversión debe fijar prioridades a corto, mediano y largo plazo. No sólo prioridades nacionales, también es necesario hacer un enorme esfuerzo por federalizar la ciencia que hoy está concentrada en más de un 80% en la región central y metropolitana.

Cultivo de soja transgénica. Foto © Ministerio de Ciencia y Tecnología de Argentina

Por ello estamos proponiendo el debate del Plan Argentino de Ciencia y Tecnología entre todos los sectores involucrados. Es imprescindible alcanzar consensos que nos permitan construir sólidas políticas de Estado. Además, esta continuidad nos posibilitará no sólo incrementar la inversión pública, sino también mayor inversión privada a través de mecanismos como los que implementa la Ley de Economía del Conocimiento. Junto con los ministerios de Economía y Desarrollo Productivo estamos trabajando fuertemente en esta dirección generando también nuevos mecanismos de articulación entre lo público y lo privado.

La nueva coyuntura internacional y la salida de la pandemia proporcionan nuevas oportunidades para nuestro país. Los datos muestran que la economía del conocimiento es el sector que más ha crecido y generado puestos de trabajo calificado en este último tiempo.

Muchas de las oportunidades que se nos presentan están sustentadas en la capacidad de agregar valor a partir de la calidad del trabajo y de la incorporación de la innovación a la producción de las y los argentinos. La experiencia del HB4 marca un camino que debemos desplegar en toda su potencialidad para asegurar que el modelo de crecimiento nos permita construir una sociedad más integrada con trabajo y condiciones de vida digna para todas y todos.

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