Panamá, una sociedad 50/50

Panamá, una sociedad 50/50

En nuestro pequeño país la sociedad parece equilibrada por la propia naturaleza.

Según el más reciente censo electoral, actualizado para los comicios de 2019, 1,385,076 de los convocados fueron mujeres y 1,372,747 fueron hombres.

En la población estudiantil se mantiene la paridad de género, con una tasa de participación en el aprendizaje organizado de 87.1 para los hombres y 87.7 para las mujeres.

Podría decirse que en Panamá las mujeres son la “quinta esencia” del empuje de nuestra nación. El Día de la Madre, que en Panamá se celebra el 8 de diciembre, es la fiesta más sentida por los panameños, y quiero creer que es por el alto grado de gratitud que todos guardamos a la mujer que nos ha marcado el camino de la superación, tía, hermana, madre o abuela.

Sin embargo, ese respeto y reconocimiento casi nacional a la fortaleza femenina no se ve reflejado con la misma pasión en la presencia de mujeres en las posiciones más altas de nuestra pirámide socioeconómica. Ni en el sector público, donde debo reconocer que seguimos siendo minoría.

El sistema de cuotas adoptado en otros países no ha terminado de cuajar en Panamá y la postulación de mujeres a cargos principales no supera el 16% desde 2009. En la Asamblea Nacional, nuestro órgano legislativo, solo son mujeres 16 de los 71 diputados.

En el lado positivo, identifico en esta administración una puerta abierta a mejorar esa situación. Y yo soy un ejemplo.

Podría decirse que en Panamá las mujeres son la “quinta esencia” del empuje de nuestra nación.

Asumí la responsabilidad de encabezar la muy relevante cartera de Relaciones Exteriores a sabiendas de que me subo en unos zapatos (a veces de tacón) que no son solo míos, sino de todas las mujeres que asumieron el difícil reto de la política antes que yo, y entiendo que mis pasos abren camino ahora a otras jóvenes que nos miran.

Además, como madre, conozco los sacrificios que hay que hacer para destacar en los dos frentes, el laboral y el familiar, donde tampoco nos permitimos fracasos.

En la todavía abierta lucha por la igualdad de oportunidades, reconozco que la tarea empieza en casa, donde tengo a dos pequeños hombres de 9 y 10 años, que junto con su padre respetan mi trabajo y se ponen de mi lado.

Los aliados son indispensables en esta batalla que tenemos que ganar y en la que estamos comprometidos con todas las herramientas internacionales y de cooperación a nuestro alcance, porque además identificamos, como país aún joven, que nuestra sociedad evoluciona cuando reconoce experiencias de éxito que podemos emular.

Según el Segundo Informe Nacional Voluntario de los ODS presentado por la Secretaría Técnica del Gabinete Social del Gobierno Nacional para el 2020, los ODS de las Naciones Unidas significan una gran oportunidad para el país de poner a la gente en el centro de nuestra actuación pública, y garantizar la igualdad de derechos y oportunidades de las mujeres, desafortunadamente identificada todavía como grupo de riesgo en la mayoría de nuestros países.

Es la intención de este Gobierno elevar a categoría de Ministerio, con más competencias y presupuesto, el ahora Instituto Nacional de la Mujer, creado en 2008, para promover con mayor eficacia las políticas inclusivas y el total ejercicio de los derechos igualitarios de hombres y mujeres, facilitando espacios de oportunidades y crecimiento equiparables a los del resto de la población.

Además, se están reforzando las políticas públicas que fomenten la participación de las mujeres en la Ciencia, la Educación, la Economía, la Cultura, el Deporte y en la Política.   Si no participamos para garantizar los espacios que la sociedad nos rechaza perdemos todos. La equidad de género no es una concesión.  La presencia de las mujeres en todos estos ámbitos contribuye al crecimiento económico y a la reducción de la pobreza.

Contra la violencia, proponemos educación, con un programa nacional encaminado a entendernos y respetarnos desde las diferencias y apostando por ofrecer mayor información sexual a los jóvenes para evitar embarazos precoces, porque las niñas que se convierten en madres truncan generalmente su propio desarrollo y cercenan su potencial.

Panamá cuenta ya con un “Sello de Igualdad de Género” tanto en el sector privado como en el público, ambos implementados con el  apoyo técnico y financiero del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, con miras a cumplir con los objetivos de Desarrollo sostenible y con acciones que permiten acelerar la igualdad de género vinculada a la Agenda 2030.  La aplicación práctica de este sello en ambos ámbitos propone mitigar los elementos subjetivos que generan discriminación, hacer frente al acoso laboral y al acoso sexual en el marco del trabajo, promoviendo transformaciones que nos acerquen a una igualdad sustantiva entre hombres y mujeres.

Si no participamos para garantizar los espacios que la sociedad nos rechaza perdemos todos. La equidad de género no es una concesión.

Panamá, junto con Canadá, Islandia, Nueva Zelanda, República de Corea del sur, Sudáfrica, Suiza, Alemania y Jordania, forma parte la directiva de la Coalición Internacional sobre la Igualdad de Remuneración (EPIC), creada por la Asamblea General de las Naciones Unidas e septiembre de 2017, con el propósito de abordar las disparidades en materia de remuneración entre hombres y mujeres.  Esta coalición está liderada por la OIT, ONU-MUJERES y la OCDE como una alianza para abordar este tema de forma colectiva.

Además, con el propósito de impulsar el emprendimiento femenino, el gobierno panameño ha creado mecanismos financieros para facilitar el acceso al crédito de las mujeres, en el entendimiento de que la autosuficiencia económica es la base para la igualdad y el crecimiento.

Siguiendo con la referencia matemática, en Panamá tenemos una probabilidad 50/50 de nacer hombre o nacer mujer y es nuestro trabajo que sea donde sea que se incline la balanza todos los panameños recibamos las mismas oportunidades para convertirnos en los ciudadanos transformadores que el país necesita. Con una población tan reducida como la nuestra, no podemos arriesgar nuestra mejor mitad. Cualquiera que esa sea.