España en la cooperación iberoamericana

La secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Pilar Cancela explica por qué Iberoamérica es prioridad en la política exterior y de cooperación de España y cómo la cooperación iberoamericana se ha anticipado a modelos y debates globales sobre cooperación internacional.

España en la cooperación iberoamericana

Iberoamérica es mucho más que una referencia geográfica. Es un marco de relación y de cooperación multilateral en el que los países miembros, y sus sociedades, dialogan y trabajan en común.

La comunidad iberoamericana, como espacio plural de países que comparten valores, cultura, afectos e intereses, constituye un aspecto prioritario de la política exterior de la España democrática.

El propio concepto de Iberoamérica responde a una visión inclusiva de nuestras relaciones con el continente, redefinida desde tiempos de la transición en clave igualitaria y de progreso, frente a la idea de Hispanidad, paternalista y de tintes imperiales, que presidió la política latinoamericana del franquismo. No en balde la dimensión iberoamericana ha sido, junto con la vocación europeísta y la apuesta por el multilateralismo, la constante estratégica de una acción exterior entendida en términos de política de Estado.

Cumbres y cooperación iberoamericana

La institucionalización del sistema de Cumbres Iberoamericanas, establecida en 1991, consolidó las pautas de un diálogo político y de cooperación marcado por la deliberación y el consenso normativo, y por una racionalidad democrática y de desarrollo, orientado al diseño y ejecución de iniciativas concretas, que a su vez redimensionó los vínculos socioeconómicos entre la región, España y la Unión Europea.

Es preciso remontarse a los años ochenta para cifrar el reimpulso a las relaciones de nuestro país con Latinoamérica bajo el signo de la cooperación para el desarrollo. Y este, a su vez, se inscribía en el apoyo a unas democracias que no podrían consolidarse sin atender a su dimensión social y económica.

Fue entonces cuando, a partir del apoyo a los procesos de paz en Centroamérica, empezaron a trazarse los rasgos de una política en la que se han compaginado intereses y valores, por medio de iniciativas de fortalecimiento institucional y cooperación técnica.

En la década posterior estas se convirtieron en un eje de la relación, en virtud de la prioridad otorgada a la región como destino principal de nuestra cooperación. Más tarde, el ascenso de muchos países de la región al grupo de renta media-alta abrió la oportunidad de acomodar estrategias e instrumentos a una nueva lógica horizontal y a la cooperación Sur-Sur y triangular, ligadas al intercambio de prácticas, la articulación de redes y el diálogo de políticas públicas.

Con esos cambios, la cooperación iberoamericana adquirió un perfil propio en el sistema internacional y anticipó debates y modelos actuales de cooperación al desarrollo en clave global.

La cooperación iberoamericana ha adquirido un perfil propio en el sistema internacional y anticipó debates y modelos globales de cooperación al desarrollo

 Desarrollo en transición

Precisamente, la adopción en 2015 de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, en su apelación a superar los esquemas dicotómicos entre Norte y Sur y, más aún, a modificar los patrones de producción y consumo de los países avanzados, implicó la exigencia de optar por sistemas de cooperación más amplios, en línea con el “desarrollo en transición”: un paradigma que involucra a todos los países por igual ante la magnitud de los retos societales, energéticos y ecológicos que afronta el planeta.

Huelga añadir cómo este enfoque ha redoblado su pertinencia por el impacto de la COVID-19 —particularmente, sobre las desigualdades estructurales de la región— y por las consecuencias éticas, políticas y socioeconómicas de la invasión rusa a Ucrania.

Esta evolución se ha visto reflejada en la participación española en la cooperación iberoamericana —concretamente, en los Programas, Iniciativas y Proyectos Adscritos (PIPA) de la SEGIB—, que se han ido abriendo, desde sus ámbitos fundacionales (la cultura, el conocimiento y la cohesión social), a un elenco multidimensional de actuaciones, que cubren nuevos aspectos como la innovación formativa, los derechos de las personas con discapacidad, o los cuidados de las personas mayores.

Merece la pena destacar cómo la cooperación española ha sido, desde 1992, un agente principal de los PIPA: participa hoy en 22 de las 30 iniciativas vigentes, y ha impulsado su renovación en aras de mejorar su calidad, naturaleza inclusiva, homogeneización procedimental, orientación a resultados, y mecanismos de monitoreo y transparencia. Y resulta especialmente relevante aludir a la activación de sus dos últimos programas, resultantes de la Cumbre de Andorra de 2021: el dirigido a prevenir y eliminar la violencia contra las mujeres, y el centrado en fomentar una ciudadanía global para el desarrollo sostenible.

España participa hoy en 22 de las 30 programas e iniciativas vigentes, y ha impulsado la renovación de la cooperación iberoamericana

En este sentido, el carácter horizontal de la cooperación iberoamericana cobra un relieve crucial en tanto su dinámica y apertura a múltiples actores busca soluciones compartidas a problemáticas multidimensionales que nos son, efectivamente, comunes.

Y también debido a que sus modalidades han ganado alcance internacional, al punto de que el programa Europa Global —el principal instrumento financiero de la UE para el desarrollo sostenible— ya incluye la cooperación triangular como método propicio para promover el diálogo político y la integración regional.

Relaciones eurolatinoamericanas

 El segundo semestre de 2023, en el que España asumirá la presidencia del Consejo de la Unión Europea, brinda una oportunidad excepcional para contribuir a la repolitización de las relaciones euro-latinoamericanas, por medio de proyectos que reactiven una agenda de nuevos pactos sociales bajo la narrativa de una cooperación avanzada, comprometida con la transformación justa de nuestros modelos de desarrollo.

De hecho, frente a crisis globales como la pandemia, la cooperación birregional resulta singularmente apta para plantear respuestas a problemas como el acceso a la financiación externa o la elevada deuda externa, y promover una recuperación levantada sobre una triple estrategia digital, verde y de cohesión social.

La presidencia española de la Unión Europea en el segundo semestre del 2023 es una oportunidad para las relaciones euro-latinoamericanas y la reactivación de nuevos pactos bajo la narrativa de una cooperación avanzada

América Latina y la Unión Europea comparten en la actualidad el reto de superar una profunda crisis sanitaria, socioeconómica y geopolítica, pero esta coyuntura crítica proporciona a su vez la ocasión para acometer reformas sobre asuntos imperativos: las tradicionales brechas de exclusión y desigualdad, la cuestión fiscal o la desconfianza entre instituciones y ciudadanía, que acecha la estabilidad de nuestras democracias. Tanto la cooperación española, como la europea y la iberoamericana, cuentan con la experiencia, las herramientas, los recursos y el soporte común de sus valores para afrontar la gestión de dichos desafíos.

De lo que se trata es de trabajar conjuntamente para construir sumando.

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