Transición energética para una región con “cero emisiones”

Un comunicado especial sobre transición energética suscrito en la reciente Cumbre Iberoamericana abre la puerta a iniciativas de integración energética y proyectos de conectividad para fortalecer la seguridad energética de la región y promover una mayor participación de las energías renovables en la matriz eléctrica.

Transición energética para una región con “cero emisiones”

La energía supone para Iberoamérica la correa de transmisión de una confluencia de crisis que complican la recuperación económica y social, pero que a la vez abren oportunidades aún sin explorar.

El tema energético es una pieza clave de uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: la transición ecológica. Por eso, los temas de integración, cooperación, seguridad y transición energética han protagonizado parte de los debates de la reciente Cumbre Iberoamericana, en la que se aprobó un Comunicado Especial sobre Transición Energética, propuesto por República Dominicana y Colombia, que se complementa a las estrategias sobre medioambiente y seguridad alimentaria adoptadas al más alto nivel político en esta misma cita presidencial.

El documento, suscrito por las Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la región, subraya la voluntad de considerar iniciativas de integración energética, identificar nuevos proyectos que permitan la interconectividad energética para aprovechar las complementariedades de los recursos de los diferentes países. Con ello se espera fomentar el comercio transfronterizo de energía, apoyar la resiliencia de los sistemas energéticos y “contribuir al fortalecimiento de la seguridad energética”.

Este concepto de seguridad energética cobra especial relevancia en un momento de reconfiguración geopolítica por la guerra en Ucrania y ante las potenciales alianzas internacionales en torno a recursos naturales. También podría convertirse en un sector clave para vigorizar las inversiones en la región en plena apuesta por una “transición ecológica justa”.

Un dato ilustra la oportunidad que acompaña al gran desafío energético: América Latina y el Caribe es el segundo destino de proyectos de inversiones en energías renovables con un 17% del monto mundial de proyectos desde 2010.  Así lo recoge la publicación “Iberoamérica, espacio de oportunidades para el crecimiento, la colaboración y el desarrollo sostenible, presentado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) como insumo para la Cumbre Iberoamericana.

América Latina es el segundo destino de inversiones en energías renovables, con un 33% del total de proyectos anunciados en 2021, superada únicamente por el continente europeo.

El documento, que analiza 15 sectores económicos con potencial para una recuperación y un crecimiento con transformación productiva, destaca que la región llegó a concentrar en mayo de 2021 el 33% de participación en el total de proyectos sobre energías renovables anunciados a nivel mundial, superada únicamente por Europa con el 35%.

Una apuesta “estratégica”

Iberoamérica es una de las regiones con mayor potencial de generación de energías renovables como la eólica, solar, geotérmica, biomasa, mareomotriz, hidráulica, biogás, biocombustibles e hidroeléctrica, por no hablar del potencial del hidrógeno verde como combustible, aseveran los líderes iberoamericanos en el comunicado especial aprobado en la Cumbre.

Según el Panorama Energético de América Latina y el Caribe 2022, el 59% de la generación eléctrica se produjo a partir de fuentes renovables en 2021 siendo la región del mundo con mayor porcentaje de renovables en su matriz eléctrica. El documento, publicado por la Organización Latinoamericana de la Energía (OLADE) también da cuenta que las energías limpias representan hoy el 30% de la producción primaria de energía en la región, duplicando el promedio mundial que se sitúa en torno al 13%.

En esta misma región con tan alto potencial para las energías limpias, según datos de la CEPAL, 16 millones de personas carecen de electricidad y 77 millones no tienen acceso a sistemas de cocción limpio.

Ante esta realidad, los países iberoamericanos reconocieron durante la reciente Cumbre la importancia de “fomentar la cooperación y la posibilidad de una integración energética para atender la necesidad de energías asequibles, seguras, sostenibles para todas las personas y comunidades”.

OLADE y CEPAL coinciden en afirmar que las energías renovables podrían convertirse en una alternativa para cerrar las brechas de acceso eléctrico mediante inversiones que generen empleos y contribuyan a una reactivación económica y una región de cero emisiones.  De hecho, ya hoy, las energías limpias especialmente la fotovoltaica están llevando un primer acceso eléctrico a las comunidades más desfavorecidas.

Para OLADE, la abundancia de recursos hídricos, solares y eólicos convierten a América Latina en una de las regiones del mundo con mayor potencial desarrollar inversiones en renovables a precios competitivos.

América Latina tiene un gran potencial para un mayor desarrollo de proyectos en energías renovables a precios competitivos. Las energías limpias pueden llevar a electricidad a 16 millones de personas que carecen de ella

La experiencia nos muestra que, hoy en día, en nuestra región, si se generan las condiciones adecuadas, la electricidad producida mediante energías renovables es más barata que la generada con cualquier fuente fósil o nuclear. Por otro lado, la experiencia regional también muestra que, contrariamente a lo que se creía, la complementación de fuentes renovables permite operar sistemas eléctricos casi 100% renovables y con más de 40% de energía
no gestionable, sin utilizar más almacenamiento que el provisto por las centrales hidráulicas
”, afirma la Estrategia para una América Latina y el Caribe más renovable”, publicada en febrero de este año por esta misma organización.

¿Qué falta para una región más renovable?

A pesar del gran potencial renovable de la región, desde la OLADE reconocen que “los procesos de transición energética no avanzan al ritmo esperado e incluso, en muchos países, se encuentran bloqueados y, en algunos, en retroceso”.

¿Qué impide el avance? Barreras de infraestructura, tecnología, regulación, debilidad institucional, una débil integración de los sistemas eléctricos y limitaciones económicas y financieras forman parte de las 37 barreras identificadas por la OLADE que limitan una mayor generación eléctrica desde fuentes renovable.

Desde el análisis de la situación de 21 países latinoamericanos, el estudio contenido en la Estrategia para una América Latina más renovable” concluye que la transición energética demanda un cambio de paradigma en al menos en tres asuntos diferentes pero complementarios.

El primero es de tipo técnico-regulatorio: la gran mayoría de los sistemas eléctricos de la región se diseñan, planifican, regulan y operan sobre la base de sistemas hidrotérmicos, mientras que sistemas con alto porcentaje de fuentes renovables no gestionables exigen un abordaje diferente.

El segundo ámbito es económico- financiero: el modelo de negocios de los proyectos renovables es sustancialmente diferente del de las tecnologías fósiles, por lo que reducir la percepción de riesgo del inversor resulta fundamental para poder generar proyectos renovables que sean financiables y para alcanzar buenos precios de la energía, explican.

La tercera área identificada por la OLADE es de tipo político-institucional. “Para que la transición ocurra se requiere un rol proactivo del Estado, liderando el proceso a través de la elaboración de diversos instrumentos de política pública, pero con un abordaje que promueva la articulación con todos los actores públicos y privados y mecanismos innovadores de gobernanza abierta y flexible”.

Obstáculos de infraestructura, regulación, debilidad institucional y limitada integración de los sistemas eléctricos limitan el avance de las energías renovables en la región.

A pesar de estos obstáculos, América Latina genera el 60% de su energía a partir de fuentes renovables, muy cerca de la meta del 70% de participación de energías limpias en la matriz eléctrica regional establecida por la RELAC, una iniciativa de 15 países de América Latina y el Caribe, impulsada por Colombia, Costa Rica y Chile, junto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE).

 Eficiencia energética y financiación

Por otra parte, la eficiencia energética es un recurso con gran potencial que poseen en abundancia todos los países y que ayudaría a maximizar el aprovechamiento de las energías renovables, además de representar ahorros importantes para familias y empresas, de acuerdo con el informe “Innovación para el Desarrollo Sostenible”.

El informe, presentado en 2021 durante la XXVII Cumbre Iberoamericana, explica que invertir en eficiencia energética reduce costes de operación y mantenimiento, y mejora la productividad y valor añadido de las empresas, con el consiguiente aumento de la competitividad de las economías.

Finalmente, el avance de la transición ecológica, incluyendo la energética, requiere la movilización de importantes recursos en forma de inversiones y/o de financiación, algo que resulta desafiante ante los limitados márgenes fiscales de gran parte de los países de América Latina, coinciden los expertos internacionales.

Desde la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) subrayan que “el financiamiento de la transición verde requiere políticas fiscales ambientalmente sostenibles y la ampliación de nuevos instrumentos financieros” como por ejemplo los canjes de deuda por naturaleza, las cláusulas sobre desastres naturales y los bonos verdes, sociales y vinculados a criterios de sostenibilidad (GSSS, por sus siglas en inglés).

En resumen, el camino hacia economías de cero emisiones plantea tanto desafíos como oportunidades para un desarrollo económico con sostenibilidad ambiental y social. Esta esperada transición verde, coinciden los especialistas, requerirá un proceso de diálogo entre gobiernos, agentes sociales, empresas y gobiernos locales que puedan empujar una transición tan urgente como necesaria.

En ese avance hacia un nuevo contrato social verde, la Comunidad Iberoamericana puede aportar su plataforma de cooperación multiactor y multinivel, dado que la dimensión ambiental se ha convertido, tras la Cumbre de Santo Domingo, en un eje transversal de toda la acción iberoamericana.

📽️ VIDEO: ¿Por qué importa la transición energética?